Por: Jhojan Stiven Galvez
Los
grandes espacios del parque nacional Enrique Olaya Herrera, inundado de
senderos para el tránsito de las personas que realizan a diario sus actividades
recreo deportivas o tan solo para que los transeúntes lo crucen, muchas veces
ha sido lugar de actos delictivos cometidos por seres sin escrúpulos que se
aprovechan de la soledad que presenta este encantador paisaje natural de
nuestra ciudad, pues por lo general no se ven muchas personas en él, más que
algunos estudiantes que van pasando por allí, otras personas que hacen una
charla agradable, u otros que realizan actividades deportivas en los espacios
con los que cuenta el parque.
Además
de ser un lugar un bastante solitario algunos días de la semana, también es un
punto de encuentro para muchos consumidores de sustancias alucinógenas,
principalmente marihuana por lo que hemos sabido de acuerdo a unas entrevistas
realizadas a los ciudadanos tocando el tema de las problemáticas del parque
nacional. Puede que muchos de los individuos a los que se le ve buscando un
“viaje” sean estudiantes universitarios, son personas que no quieren afectar a
nadie sino solo disfrutar de su momento, o así afirman ellos, pero no son conscientes
que están afectando la tranquilidad de los ciudadanos y de los niños que
presencian sus actividades. ¿Es así como funciona la sociedad actual, con
delincuencia, aprovechamiento de la vulnerabilidad del ciudadano y la pérdida
de los jóvenes en el consumo de drogas? Ya que es esta la realidad que se vive
en la actualidad en el parque nacional, una realidad que todos deben conocer,
no para evitar visitarlo, sino para aportar ideas que contribuyan al
mejoramiento de las condiciones en las que se encuentra y principalmente en la
erradicación de la problemáticas antes mencionadas.
En lo
personal, considero el parque como un pulmón de la ciudad, pues es una zona tan
pura, llena de naturaleza, siendo uno de los pocos espacios naturales con los
que cuenta la capital, esta fría capital de cemento y ladrillo.
Pese a
las problemáticas que poco a poco iremos solucionando, debemos apropiarnos de los
bellos espacios que brinda esta zona,
disfrutar de los lugares de esparcimiento.
A pesar
de que hay días en los que la jornada laboral ha sido fuerte, pasando horas en
el transporte publico, tolerando la intransigencia de las personas y sin un hambre
saciada; se puede hacer parte de un ambiente de tranquilidad , armonía y paz,
en medio de una ciudad la cual lleva muchas veces al límite nuestras emociones,
tener un espacio de naturaleza vida y profundo amor, el cual crea un ambiente
mágico dentro de una ciudad caótica. Cuando se sumerge entre la construcción de
este espacio natural se encuentra el verdadero yo, un loco que solo quiere reír
soñar y pensar que todo está bien.
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